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El mantenimiento de barco y la inexistencia en Marina Timoneiro de Ubatuba de un travel lift para poder sacar el barco del agua, nos hizo desplazarnos a la Marina Porto Imperial de Paraty. Tras una travesía incómoda de unas cincuenta y cinco millas náuticas, por tener viento y mar en contra, nos encontramos con la Bahía de Ilha Grande. Tenemos idea de que Brasil es un País con playas inmensas y soleadas, pero lo que esperábamos era encontrarnos con una bahía con mas de trescientas islas tropicales, con vegetación hasta el mismo mar y que tras unas dos horas de navegación sorteando estas islas llegas a la costa tropezándote literalmente con la Serra del Mar, el bosque atlántico brasileño. Aquí se encuentra ubicada Paraty, una Ciudad bonita aunque no tiene playa.
En cambio tiene una rica y triste historia a pesar de no haber tenido acceso por tierra hasta hace unos cincuenta años, cualidad que después comprobamos que en Brasil la tienen aun muchos lugares. Esta Ciudad fue la puerta de salida de oro, que proveniente de las minas interiores situadas en el Estado de Minas Gerais, la corona portuguesa usaba para pagar sus deudas con la corona británica y a su vez desgraciadamente fue la puerta de entrada de esclavos hacia las minas, esto era la ruta del oro. Hoy en día y a pesar de la lluvia casi constante por las características del bosque que la rodea, debido a su belleza y su centro histórico colonial-naïf es una ciudad turística aunque tranquila, donde aun se puede disfrutar de una velada con bossa nova en directo sin agobios, aunque lo realmente atractivo es adentrarse en la bahía, tirar el ancla y disfrutar casi en solitario del mar verde, de sus tortugas, pájaros y si hay suerte delfines.Después de dos años, acudiendo la mayor parte de fines de semana que nos fue posible, conseguimos organizar la continuación de este viaje.
Carmen y Pepe escuchan el "barunhinho" de la máquina de fotos