

El día 19 de Marzo del 2008, a las 12 h., como siempre, hacemos la cuarta salida del Rally, Galápagos-Islas Marquesas. Salimos de Puerto Ayora en la Isla de Santa Cruz.

El personal de la Organización A.R.C.. desde este taxi nos da la salida, que se nos hace muy pesada por la cantidad de bordos que tenemos que hacer, hasta que por fin conseguimos dejar atrás Isla Isabela.

Hacemos de nuevo una salida muy espectacular al estar todos los barcos del Rally juntos con las velas al viento. Estamos todos los participantes con calambres en el estómago porque nos quedan por delante 3.000 millas con un pronóstico de nada de viento. Es el recorrido mas largo de todos.
La primera noche, no se si por falta de costumbre de nuevo, se hace pesadísima con vientos muy variables y bastante lluvia. Al amanecer vemos casi pegado a nosotros al Catamarán Ideal. Este fue el último barco que vimos hasta el día catorce de navegación en que nos cruzamos con el famoso pesquero japonés que mencionan todos los libros de los que hacen esta travesía.

Entre el barco y nosotros los delfines saltan.

De nuevo tratamos de acomodar nuestras vidas a bordo, a pesar de tener el mar muy movido la mayor parte del tiempo y sobre todo por las noches. Es increíble como me he sorprendido al repasar las páginas del diario de navegación para escribir esta entrada , al ver la cantidad de días en que anoté que había mucho mar y/o lluvia, pues al pensar en esta travesía ya como algo del pasado, he olvidado todo aquello que era incómodo.

Hacemos vida casi tan normal como si estuviéramos viviendo en un apartamento. Cada día cocina uno de nosotros, hago el pan que consumimos, yogurt y conseguimos que no nos faltara ni fruta ni verdura fresca a pesar de lo mal que funcionó la nevera. Leemos, cosemos, limpiamos, arreglamos las averías del barco como si tal cosa. Pienso en el tiempo que vamos a estar "aislados" y a medida que pasan los días veo que no es tan grave. Solo tuvimos momentos de preocupación al tercer día de navegación en que como estaba pronosticado, el viento cayó, pero al amanecer del quinto día apareció de nuevo y ya no tuvimos mas problemas con el viento.
A pesar de que el paisaje nunca cambia, tanto los ocasos...........


.......como los amaneceres son impresionantes. Los únicos momentos de un poco de angustia son justo después de la puesta del sol, pero ya durante mi guardia de 12 h., a 02 h., cuando hay estrellas es impresionante la cantidad de ellas que hay y lo que alumbran, incluso sin luna.


También podemos afirmar que los Alisios no son vientos tan constantes como creíamos, tanto en la dirección como en la intensidad. Por la ruta que seguimos, lógicamente el viento entra por babor desde un largo hasta la popa pasando por la aleta.


Como gran parte del tiempo navegamos en orejas de burro, cuando el viento entra en popa redonda nos mantiene en alerta porque si se pasa al otro bordo puede trasluchar la vela mayor. Cuando el viento pasa de la aleta al largo, tenemos que quitar el tangón del génova , pasarla al otro lado y viceversa. Como esto ocurre varias veces al día, no paramos, pero a fin de cuentas las velas son muestro medio de avanzar y hay que llevarlas lo mejor trimadas posible, tanto para que no sufra el barco como para hacer un mejor rendimiento.
Es una sensación muy extraña la de ir subida en un medio de transporte que lo manejas tu pero, por otro lado, aunque no lo controles no deja de caminar siempre en la misma dirección día y noche. Te acuestas y está en marcha. Te levantas y sigue en marcha. Además ves el mismo paisaje, las mismas caras y las velas mas o menos en la misma posición. Les digo a Miguel y a Jorge que tengo la impresión de que nos hemos muerto y estamos en el Purgatorio, porque siempre es lo mismo, pero en cambio nuestras provisiones decrecen día a día. Además en la primera vez en todas las travesías que no pescamos nada, salvo la cosecha de peces voladores y calamares pequeños que recogemos de la cubierta cada amanecer.


Estas son posiciones de la pantalla de nuestro navegador en distintos momentos. Al poco de salir de Galápagos y cuando ya reflejaba el punto a donde íbamos, mas o menos a medio camino. Todos los días a las 12 h., tenemos rueda de posiciones con los otros barcos, lo cual es un alivio porque es nuestro enlace con el mundo en esos momentos. Estamos animados porque comparando posiciones parece que íbamos muy bien.

Por fin el día decimo cuarto de navegación, apareció el famoso pesquero japones, del que ya pensábamos que era un "pesquero fantasma". Aparece con intención de pasarnos por encima y le tenemos que hacer llamada de riesgo de colisión, aunque no nos cabe la menor duda de que lo que estaba haciendo era "jugar con nosotros". A partir de ese momento vemos algunos mas haciendo las mismas tonterías.
Tampoco podemos olvidar la cantidad de averías que hemos tenido durante la travesía y que conseguimos arreglar: la nevera varias veces, el tubo de escape del motor que hacía que entrara agua, la polea del enrollador del génova 1, el amantillo se soltó y gracias a la altura de Jorge lo enganchamos sin mas problemas, el eje del timón hacía un ruido que nos preocupaba bastante.......y varias mas.

El día decimonoveno de navegación, al amanecer, Miguel avista tierra. Nos da una sensación extraña porque por un lado queríamos llegar, pero por otro nos preocupaba de nuevo encontrarnos con tierra. A las 11 h., a punto de cumplir el vigésimo día de navegación entramos en el puerto de Atuona, en Hiva Oa (Islas Marquesas), donde fondeamos con dos anclas.
En Tahiti, un mes mar tarde, nos enteramos de que habíamos sido los primeros clasificados de nuestra categoría. ¡Que bien!.